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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Yumiko Reama _ Jaz y el cadaver que habla

Era domingo por la noche, 11:00 para ser exactos, la luna estaba despejada en lo alto del cielo azul oscuro sin una sola nube tapándola, las estrellas parpadeaban de vez en cuando y una leve corriente de aire movía las hojas de los árboles.
Las botas marrones de Jaz se ponían una en frente de la otra formando una moderada caminata, su cabello rosa estaba un poco descuidado y no solo por el sol o por la marca de shampoo que acostumbraba usar sino por las grandes manchas de sangre que goteaban de su largo cabello, algunas secas… otras, no tanto. Su flequillo largo y casi tapándole los ojos también lucía una pequeña manchita de sangre fresca. Llevaba una camisa manga larga negra bien pegada al cuerpo cuyas mangas tenían forma de guantes en las manos, con la excepción de que ninguna tela le tapaban los dedos. Aunque no era nada femenina tenía una pequeña pollera gris, no hace falta aclarar que toda su ropa incluyendo sus viejas botas marrones estaban cubiertas por manchas rojas oscuras.

El cuchillo de hoja torcida que llevaba en la mano derecha descendió a la izquierda abriendo una herida en su brazo, la sangre comenzó a salir y Jaz volvió a hacer otra pequeña herida muy cerca de la primera sin dejar de caminar por la vieja vereda. Esta sonrió y sus ojos rojos se iluminaron, un destello de emoción salió de ellos al igual que lo hace un niño ante un juguete nuevo.

—No hagas eso. –Dijo su amiga que caminaba junto a ella, tenia el cabello marrón y en el lado derecho tenia un mechón de cabello rosa que iba de la parte superior de su cabeza hasta la parte del hombro, el resto de su cabello marrón le llegaba a un poco mas debajo de la cintura, al igual que Jaz.

Compartía el mismo gusto por las botas solo que las de ella eran negras, tenia una musculosa, una calza que le cubría completamente las piernas, en su mano derecha una especie de guante que iba desde un poco mas debajo del codo a los dedos todo de color negro, y una pollera corta de color rosa. –Por favor, si sigues te quedaras sin sangre. – Siguió Yumiko.

Jaz levantó la mirada, no la miraba a ella ni a nada en particular, de seguro cualquiera hubiera pensado que tenía una expresión tenebrosa.

Yumi la miró —Jaz, ya te he dicho que si sigues con eso ya no te quedara más sangre—. Le reprendió, mirando su herida. Ojala hubiera sido broma.

La muchacha de cabello rosa sin quitar la vista de su herida agrega enojada. —No me trates como una nena. Soy mayor que tú—.

—De acuerdo no te enojes amiga, es solo una broma. Solo que me preocupa que te lastimes así—. Respondió Yumi algo preocupada por su amiga, luego quitó la mirada de la sangre que manaba y miro la miró a la cara.

—Descuida. Soy cuidadosa, es mas ahora me voy al cementerio, a… ya sabes, “jugar” un rato—. Comento cambiando totalmente su expresión de enojada a feliz.

Yumi no podía quitarle los ojos de encima siente como la rabia se acumula detrás de la nuca, ya que la conocía demasiado bien como para saber a qué se disponía hacer en el cementerio. —¡¡¡sabes que esta mal que “juegues” con los muertos solo para ver sangre!!! Aparte de todo lo moral ¿sabes que te sucedería si te atrapan?

Su amiga la contempló, ella sabía que lo que hacía estaba mal, pero el sentimiento de ver a alguien más por última vez era mayor que su conciencia, tal vez ningún doctor podría explicar con exactitud lo que pasaba por su extraña cabeza todo el tiempo. Si alguien tratara de explorarla con atención se sorprenderá al encontrar todos esos pensamientos morbosos y diabólicos pero siempre con una pisca de Jaz, una pisca de ella, es decir, una pisca de ingenuidad que era inconfundible.

Jaz no dejaba de ver a Yumi, luego de varios segundos de incomodo silencio emitió un sonido, no se logra entender bien que fue lo que dijo, pero baja la cabeza al hacerlo —lo se, lo que hago… y lo que estoy a punto de hacer es malo

Dijo casi como disculpándose, quizá un poco arrepentida. Levanta la cabeza ¡¡¡pero no puedo evitarlo!!!—. Agrega, con una mirada diabólica pero muy inocente a la vez.

Jaz se da media vuelta y toma el camino hacia el cementerio, mientras que Yumi suspira, mira el cielo y luego de meditarlo unos segundos guarda sus manos en sus bolsillos y sigue su camino hacia casa.


***


Jaz llega al cementerio, entra por la puerta principal, y empieza a buscar "tumbas frescas", como es de esperarse solo se escucha el viento que choca con las hojas de los arboles, creando un sonido solo audible en ese lugar.

De tanto buscar, encuentra una tumba que le llama bastante la atención, no por el nombre de la lapida o por el estado de esta, sino que un aire helado que despedía, un aire que le hacia congelar hasta los huesos, pero misteriosamente parecía llamarla. Se detuvo unos segundos, sus pies apenas tocan el sagrado césped ya seco por la falta de lluvia y por los años que debían tener encima, la lapida tenía una esquina rota y el nombre grabado en la piedra no se llegaba a notar, estaba muy gastado. Jaz se emociono al pensar que cualquier persona podría estar bajo sus pies y podría ver su cuerpo con solo unos esfuerzos, a pesar de ser una chica delgada Jaz era muy fuerte, demasiado, casi como un hombre adulto a diferencia de Jaky su hermana gemela.

Se tiró de rodillas con la emoción en sus manos, una sonrisa macabra nació de sus labios y su flequillo con manchas de sangre tapaba sus ojos. Estiro su mano derecha con los dedos separados para poder apartar la mayor cantidad de tierra de una sola vez, cuando escuchó una voz de hombre.




— ¿Qué demonios haces niña?— Giró la cabeza hacia atrás pero no vio a nadie, el viento soplaba empujando una hoja huérfana lejos de su árbol, luego miro a ambos costados pero no había nadie. — ¡Responde!—. Exigió esta vez, y Jaz pudo saber de donde venia, no era de atrás, ni tampoco de los costados, sino de abajo. Quien quiera que fuera el difunto, estaba vivo.

— ¿Usted esta vivo?—. Dijo, Jaz con un hilo de voz.

— ¿Que? Claro que no, si estuviera vivo no estaría aquí acostado como un idiota—. Respondió el cadáver furioso. Su voz era la de un viejo malo, de esos que apenas se les entiende lo que hablan y que viven gritando a los demás. Jaz tomo aire sin darse cuenta que lo hacia.

—Entonces… eso significa que.... usted esta....

El cadáver se empezaba a impacientar.

—Ni estoy vivo, ni muerto... Solo soy un cadáver parlante... ¡¡contenta mocosa!! —. Gritó.

Jaz estaba petrificada, no lo podía creer, había hecho un descubrimiento muy interesante y raro, tomo más aire y miro hacia la tumba. Parecía una niña a la que le acababan de regalar el obsequio de sus sueños

— ¡Guau siempre, quise tener un amigo que como tu! ¡Un muerto…! perdón. Un cadáver... Que hable con migo y me diga que se siente ser un cuerpo sin vida, con casi nada de hermosa sangre—. Soltó mientras se recostaba y abrazaba la tumba ahora con grandes deseos de destaparla para dejar salir a su nuevo amigo.

Un sollozo casi imperceptible se sintió desde aquel lugar oscuro tapado de tierra bajo las rodillas y manos de ella. El cadáver estaba llorando, si es que se podría decir.

— ¿Acaso sabes lo que es estar encerrado sin nadie con quien hablar. Y, escuchar como la gente viene y llora por sus seres queridos difuntos, pero nadie viene a verte a ti? ¡Sabes lo que se siente!—. Gritó cerrándole la boca a Jaz con solo esas palabras, no lo podía ver pero notaba en su voz que lo que decía era real, se notaba la angustia y la tristeza en ella, incluso con la enorme barra de cemento que los dividía a los dos, Jaz en ese momento se alivió un poco de no haber abierto la tumba.

— ¿Que? pero... ¿No tiene familia señor?—. Soltó ella.

—Por supuesto que tengo, todos en este miserable mundo tienen a alguien, aunque no lo quieran admitir. Solo que mi familia… me consideraban una molestia, y ahora que ya no pertenezco al mundo de los vivos, me di cuenta que ellos mismos me envenenaron y mataron—. Confeso el difunto que al parecer se había calmado un poco.

Jaz dejó caer el cuchillo que siempre llevaba en la mano y junto con el deja caer unas cuantas lágrimas.

—Lo lamento señor, ¿hay algo que pueda hacer por usted?—. Le pregunto un poco disgustada.




No se sintió ninguna voz, el cadáver no respondía, la escena se veía muy lúgubre el viento se hizo sentir en seguida seguido por unas hojas desamparadas y huérfanas, Jaz seguía mirando la tumba mil cosas le pasaban por la cabeza, en eso se sintió un sonido proviniendo de allí.

—Ya has hecho suficiente—. Respondió él.

Ella se sentó encima de sus talones puso sus manos en sus rodillas he inclino la cabeza. —Pero no lo he ayudado en nada—. Dijo, a la espera de alguna respuesta.

—Bueno, no lo creas así—. Respondió el cadáver. —Hoy platiqué con alguien a quien le interesaba lo que yo pesaba. Y creo que ahora tengo una nueva amiga—. Soltó el cadáver. Jaz sonrió a esas palabras. Estaba muy feliz, es más, en su cabeza ya iba planeado volver todos los días como su visita y nueva amiga.

—Vendré a visitarlo todos los días—. Aseguro ella.

—De acuerdo—. Respondió el fallecido.



Esa noche Jaz y el cadáver conversaron toda la noche.

Al día siguiente cuando Jaz termino de hacer todas sus obligaciones, se dirigió al cementerio.

Pero se lleva una gran sorpresa.

El cadáver no contesto a ninguno de sus llamados, ya no se lo oye, y el aire helado que provenía de esa tumba ya no esta,


Jaz muy confundida empieza a desesperarse y trata de hacer que responda, pero nada. El cadáver parlante ya no estaba, su alma, espíritu y corazón esa noche estuvieron tan tranquilos, felices, y a gusto, que solo se dejo ir al cielo.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

de la calle nos hicimos parte 3

apenas decidí escapar no hubo nada que me detenga, ya no tenia a mi madre y no necesitaba a mi padre ,
al llegar a la parada del colectivo vi una persona conocida, era matias, le pregunte a donde iva, el me dijo que ya estaba arto de los maltratos en su casa y que no soportaría uno mas, también escucho lo que me había pasado ami, y me dijo que nos escapáramos juntos a otra ciudad, yo acepte, ya que no tenia motivos para quedarme.
Esa noche viajamos hacia la nada, no teníamos rumbo definido, íbamos  a donde el colectivo parece por ultima vez, antes de volver.
pasaban la horas y el colectivo seguía y seguía, recuerdo que pasamos por varias rutas, yo lo abrazaba y lloraba por mi madre, y maldecía a mi padre.
por fin llegamos al fin del recorrido y recuerdo que era una hermosa ciudad, edificios por todos lados, la gente iba y venia, y detrás de esa gente había mas mas mas gente, pero note que matias estaba preocupado, y yo sabia porque, no teníamos dinero, asi que ese día dormimos en la intemperie de una plaza, vimos esa noche mucha gente peligrosa que pasaba por nuestros pies, pero no nos hicieron nada, cada vez que se acercaba uno, tenia el corazón en la boca, pero mati me abrazaba mucho y me ayudaba a tranquilizarme.
Ya era por la mañana y yo me había resfriado por el frió que había tomado, nuestro siguiente objetivo era conseguir una fuente de dinero, yo no sabia nada de las calles, mati me dijo que buscáramos un trabajo decente, y eso fue lo que hicimos todo el día, pero no tuvimos suerte y ambos ya nos moríamos del hambre.
Entonces mati me dijo que me quedara en un banco de la plaza, que lo esperara hasta que el volviera, yo tenia miedo porque me quedaba sola en un lugar que no conozco, pero le dije que bueno.
una hora mas tarde lo vi volver, y note que traia algo blanco en sus manos. no lograba ver bien que era, pero  al acercarse lo vi, eran un par de sandwiches de milanesa, el se acercaba con una sonrisa que iva de una oreja a la otra, obviamente le pregunte de donde había conseguido plata. el me dijo que le pidió plata a una mujer y ella le dio, la verdad no le preste mucha atención a eso y lo único que hicimos fue comernos todo lo que teniamos.
FIN DE LA PARTE 3
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